Por fin, he terminado con La Rebelión del Atlas de Ayn Rand. Hice una mención de este libro en una de las primeras entradas que escribí en este blog, allá por noviembre de 2012. Como comentaba entonces, muchos consideran que ésta es la obra cumbre de la filósofa rusa. Un dato significativo es que The New York Times hizo una encuesta a los estadounidenses preguntando por el libro que más había influido en sus vidas, y después de la Biblia, la segunda referencia fue La Rebelión del Atlas, de la que se han vendido más de 30 millones de ejemplares; y es que cuando una lee un libro como éste, quedan totalmente interiorizadas ciertas ideas, entre ellas, que el mundo podría dividirse perfectamente entre los "saqueadores" y los "no saqueadores".
La novela
Dagny Taggart siempre tuvo claro que quería construir los mejores ferrocarriles de EEUU. Es la vicepresidenta de operaciones de Taggart Transcontinental, una empresa que en generaciones anteriores, ya estuvo representada por otro grande, un tío suyo aventurero, llegado de Nueva Inglaterra, Nat Taggart, que fue glorioso. A Dagny sólo le interesa el funcionamiento excelente de sus ferrocarriles y para ello, quiere trabajar con los mejores proveedores. Uno de ellos, Hank Rearden, después de 10 años de investigación, ha creado un acero para sus vías de una calidad que nunca antes había existido. Ambos, intercambiarán valor por valor, desde su egoísmo racional, y no como favor al otro, sino porque ambos quieren lo mejor para sí mismos. Sin embargo, y a pesar de ser dos seres independientes, mentes pensantes, que no se entrometen en la vida de los demás, ni quieren que nadie se sacrifique por ellos, su ritmo productivo se verá mermado al verse rodeados de personas como Jim Taggart - hermano de Dagny Taggart que no conoce ningún oficio y básicamente se centra en las relaciones sociales al carecer de propósito - o la mujer de Hank Rearden y los familiares del mismo, que no entienden cómo un hombre puede estar tan obsesionado con un propósito.
Con la inauguración de los ferrocarriles Taggart funcionando sobre vías de metal Rearden, empieza "la guerra". Y es que otras empresas de ferrocarriles, que por sí mismas no son capaces de lograr la excelencia de la compañía Taggart Transcontinental, en nombre de la "igualdad de oportunidades" y del reparto equitativo, comienzan a diseñar estrategias con el objetivo de disminuir el negocio de Taggart y apoderarse de algo de metal Rearden. Es decir, no luchan por ser mejores, sino porque los demás sean peores. Son los saqueadores y ellos son los que niegan que A es A, niegan la realidad y reniegan del poder de la mente del ser humano. "De cada uno según su capacidad, a cada uno según sus necesidades". Esta es la filosofía que los mueve y que conduce irremediablemente a la destrucción del sistema.